MAURITANIA: LA TIERRA DE NADIE

Algunas fronteras son un viaje en sí mismo.

Las fronteras también tienen horarios como las panaderías, los ministerios o las mezquitas. Es casi un hecho olvidado cuando vives en Europa y puedes viajar desde Asturias hasta Bulgaria sin más paradas obligadas que las gasolineras. Pero los funcionarios de Su Majestad Le Roi du Maroc son de una puntualidad exquisita: son las 6 de tarde y, por hoy, el paso fronterizo entre Marruecos y Mauritania se cierra. Nadie parece preocupado, por otra parte. Ante la verja se han preparado dos colas, una para camiones (un trailer cargado con 35 toneladas de cebollas, otro con grandes rótulos de una empresa de Albacete conducido por unos senegaleses y cargado con colchones hasta una altura casi incompatible con la ley de la gravedad y un par de trailers

frigoríficos y otra para coches y furgonetas. Mañana seré la tercera. Todos los coches con matrícula marroquí o mauritana. Sin embargo la mayor parte de los conductores y pasajeros son saharauis de uno y otro lado de la frontera. Me imagino que nadie les consultó al trazar la frontera por el sencillo método de levantar alambradas por donde pasa   un   paralelo.   Hay   sobre   todo  hombrecillos vestidos con trajes de oficinista que entran y salen del restaurante que hace las veces de atracción principal del lugar, los camioneros que se han aposentado en la terraza – un trozo de cemento con 2 mesas blancas y unas cuantas sillas de plástico con la inscripción Helados Alacant – y para hacer el lugar más atractivo en la pantalla gigante del interior del bar algún equipo de la tercera división italiana mantiene embobada a la clientela. Todos manosean sus pequeños Nokia sin parar. Al menos no hay – muchas – moscas y el Tajin de pollo está delicioso. O quizás resulta delicioso comerlo con las manos. Una extraña pareja se acerca a nuestra mesa. Se dirige a nosotros en perfecto español un hombre de unos 30 o 40 (o 50) años, vestido con una chaqueta beige y un polo con el logo de Lacoste: con un cocodrilo tan vizco como el falsificador que los produce en Agadir o Marrakech. Es – dice – un hombre de negocios que se dirige a Mauritania a conocer a la que será su futura esposa invitado por una poderosa tribu saharaui con la que va a emparentar.

– Es vd el novio entonces? – le contesto.

– Sí, el novio – responde con asombro por la sencillo que así suena.

Le acompaña un turista brasileño agarrado a una guitarra y una mochila con los colores de Bob Marley. Está haciendo un viaje espiritual, explica. Espero que en breve encuentre el espíritu que le guíe porque guía necesita y con urgencia: no sabe a dónde se dirige en Mauritania ni logro entender ni él explicar cómo ha terminado en este lugar. Y este es un lugar al que solo se llega si se tiene la voluntad llegar: son  1.500 kms desde Agadir y algo mas desde 430 desde la última ciudad que merece el nombre de ciudad, Dakhla por una carretera de mala muerte y enormes camiones congeladores que sólo tiene un destino: el puesto fronterizo. Se llama Pedro Alfonso y antes de ser padre quiere recorrer el mundo. Su mujer o novia está embarazada de 6 meses. Con el despiste que trae dudo que llegue a tiempo del parto.

Tomamos te, Fanta y mas te. La conversación la lleva el novio saharaui cuarentón que nos explica los infortunios de su pueblo, la desgracia que le persigue en forma de hermano mayor propietario de varios hoteles, las virtudes, honores y humildad infinita de la familia de su futura esposa y cómo le agasajaron con una cabra para ofrecerle a su hija de 16 años.

– No, no soy pederasta – aclara – Es toda una mujer – sentencia ante mis ojos.

Y como ocurre en estas conversaciones intrascendentes que se originan de forma causal en el lugar menos pensado el monólogo se alarga y se alarga en  detalles intrascendentes de su aburrida vida familiar, el asombroso poder militar de Argelia que tiene ¡¡¡¡¡hasta submarinos!!!!!! y el miedo que en Europa produce el poder del Islam…  Son muchos kilómetros los que llevo a la espalda y no tengo ganas de explicarle que todo lo que nos rodea en aquel lugar viene de Europa: las sillas del bar, las pistolas de los gendarmes, la televisión y el partido de futbol italiano, los camiones DAF, las cámaras de seguridad, los submarinos de Argelia… Salvo la arena y algún coche  japonés…. Quizás envalentonado porque nadie le contradice continua con su charla. Ahora toca las incoherencias del cristianismo. La corrupción, la falta de integridad y devoción, las diferentes Biblias a las que obedecen los cristianos.

– Los cristianos no tienen un solo Dios sino muchos: el Padre, el Hijo, el Espíritu Santo… Eso es politeísmo – remata como si hubiera descubierto América.

Es un discurso tan gastado que por un momento me contengo. Lo he escuchado en Iran, en Paquistán, de boca de laicos kurdos y de salafistas turcos, de tayikos afganos y de palestinos israelíes. Pisko me mira y no sabe si sonreir o echarse a temblar:

– Yo no me atrevería a explicar a un musulmán los dogmas del Islam. Ni se me ocurriría ponerlos en cuestión porque no los comparta. O porque no los entienda. Por respeto. El mismo respeto que un auténtico Muʾmin – creyente – mostraría ante unos viajeros como nosotros, huéspedes no musulmanes en tierra musulmana. Sobre todo porque aunque rezas mirando a La Meca vives mirando a Europa.

Silencio… un, dos, tres segundos de silencio… siete segundos de silencio, buff, increíble, qué alivio, sigue en silencio.

– Y sintiéndolo mucho los niños están agotados y tengo que acostarlos porque mañana nos queda una larga jornada. Laila sa’ eda wa ahlaam ladida – buenas noches y dulces sueños –

Me levanto y llevo a los niños a una de las habitaciones que se alquilan en el restaurante. Cuesta 5 Euros y aunque son colchones que probablemente ya utilizaron los soldados españoles de la época colonial tengo por delante muchos días para dormir en la arena.

 

A las 05:30 nos despiertan. Los camioneros ya están desayunando y la cocina parece a pleno rendimiento. En la televisión del restaurante se suceden los videoclips a todo volumen. Es un canal marroquí pero cualquier parecido entre los habitantes de la caja tonta y la realidad es puramente casual. Un mundo soñado de raperos a bordo de deportivos, villas de lujo y muñecas encorsetadas contrasta con el día a día de los que me rodean. Rezan en dirección a la Meca, sueñan en dirección a París, Londres o Los Ángeles. En el exterior las colas de vehículos se van animando. Hay muchos más camiones que ayer. A las 09:00 por fin se abre la frontera. Por fin reinicio mi viaje. Por fin comienza la odisea burocrática. Los pasaportes a la oficina de control de pasaportes. Según se llega se dejan en el exterior de la ventana, en un pequeño montón con las fichas en su interior. Cada montoncito va moviéndose poco a poco. No aparto mis ojos de los míos pero nadie parece preocupado. De vez en cuando la ventana se abre unos milímetros y una mano recoge el siguiente grupo de pasaportes. Llega mi turno… Daniel!!! Gritan desde el interior y acerco a Daniel a la ventanilla para que comprueben que existe. Seda!!!! Y Seda se acerca a la rendija abierta. Luego los impresos del vehículo. Que se presentan en un burea y en otro situado justo al otro extremo de complejo…. Para luego volver al primero con el sello del segundo. No habría sido más sencillo sentar a los 2 funcionarios juntos? Una familia enorme con cinco o seis hijos está desvalijando su propio coche. Algo han perdido y lo están buscando. Nunca pensé que en un Peugeot entrara tanta gente y, sobre todo, tantas maletas: Solo alguien especialmente dotado para el orden podría meter en el maletero de un 308 el equipaje de toda la selección española de futbol. Espero en la cola de un escribano que a cambio de 5 Dirhams rellena las fichas que se entregan en la siguiente oficina. No sé muy bien para qué pero todos hacen el mismo recorrido. Florecen los empleos: vendedores, cambistas, taxistas, corre-ve-y-diles, escribanos, guías. Y sobre todo, expertos en futbol. En cada oficina, en cada parada, en cada cola Madrid o Barça? Un camionero me pregunta por Messi. Pues no sé, la última vez que hablamos estaba bien pero hace tiempo de eso.

 

También es verdad que los países machistas tienen sus ventajas. Soy la única mujer que realiza las gestiones burocráticas por lo que la cola reservada para mujeres la compongo yo sola. Y va bastante rápida.

Sahara, Agosto 2014

Ani

 

Ani4x4
info@ani4x4.com

Post A Comment